Nuestros hijos son diferentes – por lo tanto, nosotros también lo somos. Los desafíos y las alegrías de criar un hijo están presentes en nuestras vidas en proporciones diferentes.
Aunque el ritmo y esquema del desarrollo de nuestros chicos difiere del „promedio”, nosotros sabemos en la profundidad de nuestro corazón que ellos tienen una riqueza emocional, y un potencial de desarrollo más allá de lo que otros piensan.
Sus vidas podrían ser más felices, y las nuestras también. La vida de ellos, y la nuestra es lo mismo. Estamos co-dependientes. El desarrollo personal, bienestar, y la seguridad de su futuro depende de nosotros.
Les entregamos todo lo que podemos, y sabemos que es poco. La faena aparentemente interminable de criarlos ocupa y hace crecer nuestros recursos y capacidades personales. Nos obligan a aprender, y desarrollarnos.
Sin embargo, nuestras energías no son inagotables, especialmente si se nos olvida como alegrarnos, y ser felices, que son fuentes profundas de energía.
Necesitamos fuerza y decisión, mientras nuestro barco tambalea sobre un mar de emociones como la desesperación, la esperanza, la culpabilidad, el reproche, la vergüenza, la timidez y el orgullo.
Suena como egoismo cuidarnos y mimarnos a nosotros mismos. No lo merecemos. ¿No lo merecemos?
Lo merecemos y es más: lo necesitamos como pan caliente.
Las emociones negativas atrapan muchísima energía. Energía, que necesitamos para nosotros, y, ante todo, para tratar con nuestros hijos.
Aquellas emociones oscuras las podemos ocultar de nosotros mismos: pero no de los niños. Ellos son nuestro espejo. Si nosotros sufrimos, sufren ellos también.
Es una necesidad primaria aprender a tratar nuestras emociones. Es más: una obligación frente nuestro hijo „diferente”, frente nuestra pareja, y toda la familia. Si nosotros/as estamos equilibrados y contentos, la familia entera lo será.
En vez de arrastrarnos agotados y desesperados, aprendamos las técnicas con las cuales podemos liberarnos de las negatividades, estar más equilibrados y contentos, apoyando de este modo a nosotros mismos, al hijo diferente, y a toda la familia.
Al fin, y al cabo, ¡sí, podemos ser diferentes: más equilibrados y contentos que el promedio!
Ida Kiss
Psicóloga clínica
master de PNL
Practicante de EFT (Técnica de la Liberación Emocional)
Madre de una persona „diferente”